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La luna y la maternidad: La polaridad Marte/Luna

Que la Luna ha sido causa de miedos, supersticiones y veneración en el mundo antiguo no es, pues, ningún secreto. La literatura griega y latina está llena de ejemplos. Nombres como Mene, Selene, Ártemis-Diana, Perséfone-Proserpina, la inefable griega Hécate y la egipcia Isis han completado un panorama religioso que preside la cuna, el desarrollo y la madurez, pues aún no está muerta, de la astrología grecorromana.

La Luna es una de las piedras angulares de un mapa; ella es la raíz de la cual brotan todas las otras variaciones de las fases pasivas, receptivas y emocionales de la personalidad. La significación más completa de la vibración Lunar puede ser comprendida sólo cuando se sobrentiende que todo ser humano contiene dentro de sí mismo, las esencias de ambas polaridades; todo mapa tiene al Sol-Marte así como a la Luna-Venus, en alguno que otro patrón. El sexo físico, en el mundo de las formas, es un énfasis especializado de una de las dos polaridades para los propósitos de la perpetuación. Pero, en los planos internos de impresiones, sentimientos, memorias kármicas y patrones raciales subconscientes, la influencia de la Luna predomina. La realización de los procesos evolutivos se lleva a cabo en los aspectos físicos de ambas polaridades, por lo general alternativamente, y como el sexo físico está acompañado de una especialización de experiencia, todos deben conocer tanto la vida del varón como la de la hembra. Esta "especialización" no sólo es de expresión, sino, automáticamente de karma; por lo tanto ciertas lecciones sólo pueden aprenderse por medio de la encarnación como mujer. Con respecto a esto, gran parte del karma de los varones se puede trazar, por causa y efecto, a irrealizaciones y mala dirección de los impulsos femeninos en vidas pasadas, y la Luna, en horóscopos de varones, es la llave para estos patrones kármicos. El karma que un hombre experimenta a través de las mujeres es meramente la objetivación de su propia polaridad femenina no regenerada; él se está manifestando como varón, pero por reflexión a través de sus contactos e intercambios con "las mujeres de su vida", estos trastornos internos se manifiestan.

Marte, dinámico y vivificante, es la función fertilizadora, la esencia del sexo masculino; la Luna es aquello que recibe esta vigorización y nutre la semilla durmiente dándole forma. Por lo tanto, la Luna es el eslabón entre el Ego y la raza de la familia. Ella es el medio a través del cual el hombre, como varón, se proyecta en las corrientes de vida. De esa manera, la Luna se ve como el Principio de la Maternidad, y, en astrología mundana u objetiva, esto es de significación fundamental. Por medio de la experiencia como madre, la humanidad recibe lecciones que no son inferiores a ninguna otra en esfera, profundidad e importancia. Es como madre que las potencialidades del egoísmo de Marte, su egotismo, su dominación y destructividad, reciben sus primeras transmutaciones alquímicas a través de la iniciación del sacrificio propio exigido por las funciones de la maternidad.